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Ya son seis días sin noticias de Amadeo Martínez y Franco Soria, los dos pescadores que se embarcaron el viernes a la mañana y nunca volvieron. Sus familiares acampan en la costa de Punta Lara mientras monitorean el megaoperativo desplegado por Prefectura. «Tenemos esperanza de encontrarlos con vida», afirma Cristian Dallia, tío de Franco, a LA NACIÓN.
Cristian fue uno de los tres familiares de Franco que se subió a bordo del avión de Prefectura para acompañar el rastrillaje. «Nos sacamos toda la duda de cómo trabajan y pudimos entender mejor el operativo», admite Cristian y cuenta que desde la costa es difícil visibilizar el trabajo que hacen los rescatistas.
La principal hipótesis es que se quedaron sin motor y están a la deriva. Los especialistas aseguran que, si este es el caso, el viento los llevaría hacia las costas uruguayas. Por esto Prefectura Naval emitió una alerta y solicitó la ayuda del país vecino, que puso ayer a disposición el buque «Río Negro», un guardacostas y un avión de la Armada Uruguaya.
Entre mates, y refugiados en carpas para combatir el frío de la costa, esperan recibir una noticia alentadora. La esperanza está puesta en un mensaje que recibió la mujer de Martínez cuando los pesqueros ya estaban en el río. Los familiares solicitaron al juez Federal Ernesto Kreplak la habilitación para rastrear la ubicación del GPS con el que cuentan los celulares y dar así con el último paradero de los pescadores. La señal emitida para enviar el mensaje podría ser una pista para vislumbrar los últimos movimientos de los pescadores.
Franco, de 17 años, vive con sus padres y sus dos hermanas pequeñas atrás de la cancha de Cambaceres, en una zona humilde de Ensenada, y, según su tío, es un vecino muy querido. Hace poco, el adolescente había iniciado su trabajo como pescador. «Siempre andaba por la costa con los guardavidas, él conoce el río», asegura su tío.
Ya llevan rastrillados más de 19.000 kilómetros cuadrados por aire, agua y tierra sin novedades de los náufragos. «No tenemos certezas de qué pasó», lamenta Cristian y explica que la embarcación en la que zarpó su sobrino tiene un sistema que, aún en caso de vuelco, flota. «No encontraron ni el tanque, ni las cosas que usan para pescar, nada», concluye.
Fuente:
La Nación