Video: la odisea del chico que sobrevivió casi 50 días a la deriva en el mar

El indonesio Aldi Adilang tiene 18 años y se perdió en una trampa para peces. Navegó 2.500 kilómetros. Su rescate también fue desesperado.



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En una historia de supervivencia humana extraordinaria: un adolescente indonesio de 18 años logró mantenerse con vida durante 49 días, perdido a la deriva, en una precaria trampa para pescar, durante 2.500 kilómetros a través del Océano Pacífico.

Aldi Novel Adilang estaba trabajando en una trampa flotante para peces, a 120 kilómetros de la costa norte de Indonesia, cuando fuertes vientos rompieron el amarre y lo empujaron hacia mar adentro.

A la deriva. La trampa para peces en la que se perdió el chico (AP)

El chico fue rescatado a fines de agosto en aguas cerca de Guam, donde lo encontró un barco que navegaba bajo una bandera de Panamá, lo recogió y luego lo dejó en Japón.

Aldi, quien finalmente se reunió con su familia a principios de septiembre, luchó por mantener el ánimo, a pesar de que unos diez barcos pasaron cerca del él pero no lo vieron.

“Aldi dijo que tuvo miedo y a menudo lloraba cuando estaba a la deriva. Cada vez que veía un gran barco, tenía esperanzas, pero más de diez barcos lo habían dejado, ninguno de ellos se detuvo”, detalló el diplomático indonesio Fajar Firdaus.

Tras el rescate, las autoridades consulares de Indonesia en Japón acompañaron a Aldi (Twitter del Consulado General de la República de Indonesia en Osaka)

Mirza Nurhidayat, el cónsul general de Indonesia en Osaka, explicó que la cabaña de Aldi, conocida como rompong, no tenía ni pala ni motor. A los pocos días se le terminó la poca comida que tenía y tuvo que atrapar peces y beber agua de mar para sobrevivir.

“Después de que se quedó sin gas para cocinar, quemó las vallas de madera del rompong para hacer fuego para cocinar. Terminó bebiendo agua de lluvia de su ropa”, describió.

Controles médicos. Se los hicieron en Japón, tras el rescate (Twitter del Consulado General de la República de Indonesia en Osaka)

La odisea del joven finalmente terminó el 31 de agosto cuando vio al petrolero “Arpeggio” navegando cerca. Después de llamar la atención agitando un trapo, conectó su radio a una frecuencia de emergencia y el capitán del barco lo recogió.

El rescate fue complicado por el fuerte oleaje y los miembros de la tripulación arrojaron una cuerda para ayudarlo mientras el barco daba vueltas alrededor de su pequeña nave. En su desesperación, Aldi saltó al agua para alcanzarlo y finalmente fue llevado a un lugar seguro.

Fotografía facilitada por el Consulado General de la República de Indonesia en Osaka, Japón, del joven indonesio Aldi Novel Adilang (centro), junto a dos familiares (EFE)

El capitán se puso en contacto con los guardacostas de Guam, un pequeño territorio de Estados Unidos, pero se le dijo que siguiera su ruta prevista hacia Japón, donde su embajada podría ayudar a Aldi.

Aunque su viaje tuvo un final feliz y el chico ahora goza de buena salud, su historia también resalta los peligros que enfrentan los vigilantes que se encargan de cuidar las trampas para peces.

Aldi Novel Adilang muestra el permiso para estar en tierra (AFP)

Aldi había sido contratado para encender lámparas alrededor del rompong para atraer y atrapar peces, y solo tenía un walkie-talkie como compañía.

Su único contacto con otras personas era una vez por semana cuando alguien iba hasta la pequeña embarcación a cosechar el pescado capturado y le daba un nuevo lote de comida, combustible y agua. Por eso el padre del chico, Alfian Adilang, aseguró que la familia está encantada con su regreso, pero muy enojada con su empleador.

Fuente: Clarín