River y Boca, la guerra fría que hace temblar al fútbol argentino

El Superclásico entre River y Boca tiene un gran historial de situaciones conflictivas, con acusaciones cruzadas, sospechas y mucha pica. Pero particularmente en los últimos años se generó una especie de guerra fría que manejan Daniel Angelici y Rodolfo D’Onofrio. Quizás fue el episodio del gas pimienta el que marcó la diferencia. Desde entonces, todo es suspicacia en la relación entre los […]



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El Superclásico entre River y Boca tiene un gran historial de situaciones conflictivas, con acusaciones cruzadas, sospechas y mucha pica. Pero particularmente en los últimos años se generó una especie de guerra fría que manejan Daniel Angelici y Rodolfo D’Onofrio. Quizás fue el episodio del gas pimienta el que marcó la diferencia. Desde entonces, todo es suspicacia en la relación entre los dos clubes más importantes del fútbol argentino. Y la llegada del uruguayo Lucas Olaza al Xeneize generó un nuevo frente a frente.

En el 2015, cuando se suspendió el enfrentamiento que Boca y River disputaban, en la Bombonera, por los octavos de final de la Copa Libertadores, el escándalo fue mayúsculo y cada club intentó sacar su tajada. El presidente millonario dio indicaciones para que su gente viajara rápidamente a Asunción para reunirse con miembros de la Conmebol y en Boca no se lo perdonaron.

“Haber entrado a la cancha de Boca; haber llegado a la Conmebol antes que nosotros, que éramos el único club que estaba citado; que haya llevado un certificado oftalmológico de un hospital que no tiene guardia. Hubo un montón de cosas que en una buena convivencia no correspondía”, dijo Angelici tras ese día.

D’Onofrio respondió: “No entiendo de qué se enoja. Le pusieron una bombita a mis jugadores y podrían haber tenido lesiones en los ojos”.

No quedó todo allí. Cuando la AFA debió reorganizarse tras la muerte de Julio Grondona, Boca y River tomaron distintos caminos. Incluso, hoy eso queda claro en la estructura de la actual AFA. Angelici estuvo siempre del mismo lado que Claudio Tapia y Hugo Moyano y es parte importante de la casa del fútbol argentino. D’Onofrio prefirió alejarse y se juntó momentáneamente, entre otros, a Marcelo Tinelli, pero nunca encontró la manera de hacerle fuerza a la unión entre Chiqui, Boca e Independiente. Hoy, el titular del club de Núñez está prácticamente marginado de las decisiones que se toman en Viamonte.

Todo esto desembocó en intensos cruces y varias chicanas. Desde un lado se instaló el apodo de “AFA bostera” por la influencia del clásico rival en la mesa chica. De la vereda de enfrente remarcan los llantos que se escuchan casi a diario.

De hecho, D’Onofrio llegó a reconocer en una entrevista que su relación con Angelici era fría. “Mi relación con él no es la mejor. Es como la de Estados Unidos y Rusia en su momento: no de guerra, pero fría”, dijo. Y el presidente de Boca no dudó en responder: “¿Guerra Fría? Debe ser porque está mucho en la cancha de River”, chicaneó. Luego se disculpó, diciendo que había olvidado que era el vicepresidente de AFA y que no debía responder así.

Esta guerra sumó este año un capítulo apasionante. Antes de la final de la Supercopa Argentina, que por primera vez enfrentaba a los protagonistas del Superclásico, Marcelo Gallardo abrió el paraguas tras un par de fallos polémicos de los árbitros en favor de Boca y dijo que con la actual conducción en el fútbol argentino habría que estar con la “guardia alta”.

No pasó inadvertido ese término. Y no lo hace aún hoy, porque el Muñeco volvió a invocarlo, sin nombrarlo, al hablar de la posibilidad de que Boca sume, mediante un vacío en el Reglamento y la venia de Futbolistas Argentinos Agremiados, a un séptimo extranjero, teniendo al colombiano Frank Fabra lesionado. “En el fútbol argentino el contexto siempre es raro”, dijo el DT de River.

Y encontró en D’Onofrio una continuidad: “Es insólito que hablemos de un séptimo cupo para los extranjeros. Si quieren uno más, que sea igual para todos los clubes. Hagamos un cambio ahora y que todos tengan un cupo más, pero no quebremos el espíritu del reglamento”.

¿Hubo respuesta? Por supuesto. Juan Carlos Crespi, siempre cómodo en el terreno de la chicana, replicó con munición gruesa: “¿Por qué protestan tanto? Quedaron calientes porque Olaza al final vino a Boca y no a River”, dijo. Y siguió: “Esto es simple: para comprar tenés que tener plata, gratis no hay nada. Y Boca no sólo tiene un plantel joven y vendible sino que también tiene una buena administración económica. Ellos no tienen nada de eso. Fijate las edades de sus jugadores. Lo único que tienen para vender es al Pity (Martínez) y no es comunitario. Por eso están nerviosos”.

La historia promete seguir. La guerra fría entre Boca y River no se detiene y tendrá seguramente varios capítulos más por escribir.

Fuente: Clarín



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