El Papa envía a su máximo opositor a la isla de Guam, a 12.000 kilómetros del Vaticano

El cardenal Raymond Burke deberá juzgar un caso de pedofilia en el territorio estadounidense ubicado en el Océano Pacífico, cerca de Filipinas.



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En una sorpredente movida estratégica, el papa Francisco decidió enviar al cardenal estadounidense Raymond Burke, uno de los máximos opositores a su línea reformista, pero reconocido experto en derecho canónico, a la Isla de Guam, a más de 12.000 kilómetros de distancia, con la misión de juzgar un caso de pedofilia. Punta de lanza de la oposición conservadora y patrono pontificio ante la Orden de Malta -recientemente intervenida por Francisco-, el cardenal Burke aterrizó ayer en la pequeña isla del Pacífico occidental, perteneciente a Estados Unidos como territorio no incorporado, con una misión nada fácil.

Descubierta por Magallanes en 1521, la isla -la más grande del archipiélago de las Marianas-, está enfrentando un escándalo que supera sus dimensiones. El arzobispo de Agaña (la capital de Guam), Anthony Apuron, de 71 años, es acusado de haber abusado sexualmente de cuatro menores en la década del ’70, cuando aún era sacerdote. Quien denunció al obispo es Roy Taitague Qunitanilla, que tenía 12 años y era monaguillo cuando sufrió el abuso sexual, junto a otros cuatro niños. Apuron se proclama inocente, rechaza las acusaciones y sostiene que se trata de un ataque planificado en contra de la Iglesia católica.

Para resolver la tormenta, en junio pasado Francisco envió a Guam al arzobispo Savio Hon Fai-Tai, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, con el cargo de administrador “sede plena” de la archidiócesis. En octubre, nombró a un “coadjutor” en la diócesis de Agaña, atribuyéndole plenos poderes, desplazando “de facto” al arzobispo puesto en el banquillo, que se negó a renunciar.

Pero el Vaticano dio un paso ulterior, al crear un “tribunal de primera instancia” de la Congregación de la Doctrina de la Fe -el dicasterio que se ocupa de los abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero-, para indagar aún más sobre el caso. Y decidió que Burke fuera presidente de dicho tribunal. Junto a él, en efecto, el Papa envió a otros cuatro jueces, que son obispos, que ya a partir de hoy escucharán al ex monaguillo que hizo la denuncia.

Según trascendió, la decisión de enviar a Burke, un tradicionalista experto en derecho canónico -de hecho antes de ser nombrado capellán de la Orden de Malta, fue prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, algo así como la Corte Suprema del Vaticano-, fue tomada el 5 de octubre pasado. Es decir, antes de que estallara el cortocircuito entre el Papa y la Orden de Malta, para muchos inspirado por el tradicionalista Burke. Francisco fue quien terminó ganando esa pulseada a mediados de enero, con un pedido de renuncia del Gran Maestre, el retorno del Gran Canciller injustamente defenestrado y la reciente designación del arzobispo Angelo Becciu, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, como “enviado especial” del Pontífice en la antigua orden caballeresca. Una movida que desplazó, de hecho, a Burke.

Burke fue uno de los cuatro cardenales disidentes que a fines del año pasado le escribió una carta al Papa pidiéndole aclarar cuatro “dudas” del capítulo octavo de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, que le abre las puertas a los divorciados vueltos a casar. En una entrevista concedida en noviembre pasado, Burke desafió abiertamente al Papa manifestándose listo a poner en marcha un acto formal para “corregir” al Papa si no respondía a las “dudas” sobre “los errores doctrinales” de la Amoris Laetitia.

Fuente: La Nación

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