Cómo una antigua base de submarinos nazi se transformará en un centro de datos

Se construyó para alojar navíos de guerra del ejército nazi. Acabó sirviendo de lienzo a generaciones de grafiteros marselleses. Y ahora volverá a la vida convertido en centro de datos



No Banner to display

Este es el resumen de la historia del búnker que ha estado vacío durante 75 años en el puerto de Marsella (Francia). En la ciudad atracan trece importantes cables submarinos que conectan Europa con Norteamérica, África, Chipre, Oriente Medio y Asia. “Está previsto que se tiendan dos más durante el próximo año”, señala Sean Gallagher en Ars Technica. Así, este centro, será el tercero de la compañía holandesa Interxion en las orillas de Francia.

¿Por qué en un viejo búnker? Porque hacía falta espacio. Y rápido. En ese contexto, la base que los alemanes construyeron cerca del final de la Segunda Guerra Mundial y que, por cierto, nunca terminaron, encajaba a la perfección. El plan de la empresa es aprovechar la construcción en celdas del complejo que los nazis llamaban Martha para crear un centro de datos expansible y modular.

Esta base no solo tiene la ventaja de estar parcialmente construida. Como buena infraestructura militar, está fuertemente protegida, vallada y se encuentra además bajo la vigilancia de la gendarmería francesa. “En términos de seguridad, esto es algo que ha resultado atractivo a algunos de nuestros y particularmente, por cierto, a nuestros clientes americanos”, explica Fabrice Coquio, director de Interxion en Francia, en la pieza de Ars Technica. En los planes de la empresa está completar la rehabilitación del edificio hacia finales de este año.

MSR3 -así se llamará el centro- tiene todas las ventajas de estar junto al mar y todas las desventajas de lo mismo: está especialmente expuesto al agua del mar y al poder corrosivo del salitre, por lo que estará diseñado para lidiar con ellos.”Hay algo más peligroso que la sal, que son las micropartículas que llegan de los motores diésel de los barcos”, señala Coquio.

Fuente: La Nación